Yaxchilán
Ciudad maya a orillas del río Usumacinta, a la que se llega en lancha: templos en la selva y la mayor colección de dinteles labrados del mundo maya.

La montaña sagrada de los mayas a minutos de Ocosingo: una acrópolis de siete plataformas, estelas, estucos y un museo de sitio.
En el corazón del Valle de Ocosingo se alza Toniná, un sitio arqueológico maya que es mucho más que un conjunto de ruinas: es el testimonio monumental de una civilización compleja, un crisol de poder, ritual y arte. Su nombre en tzeltal se traduce como «el lugar de las casas de cal y canto»: ton es la piedra preciosa verde, que también significa tiempo y grano de maíz, y na es casa.
Toniná se asienta en una cordillera a 900 metros sobre el nivel del mar, aprovechando la roca madre y el cerro natural. Funcionaba como zona de transición entre las Tierras Altas y las Tierras Bajas del sur maya, con paisajes que van del bosque de coníferas a la selva alta. Su ocupación abarca desde el año 100 a. C. hasta el 1100 d. C.
El sitio es un ejemplo espléndido del urbanismo piramidal del México antiguo: calles, escalinatas, plataformas y templos concebidos como rutas sagradas por donde circulaban las procesiones. Destaca su gran pirámide de siete plataformas, una de las acrópolis más grandes del mundo maya, junto con templos, palacios, estelas de forma circular y modelados de estuco.
Toniná fue sede de los «divinos señores de Po’» (k’uhul po’ ajaw), una entidad política poderosa y rival de Palenque. La primera mención de su glifo emblema aparece en un trono de Chinikihá del año 573 d. C., señal de su importancia temprana.
Las excavaciones han revelado prácticas rituales profundamente ligadas a la cosmovisión maya, incluido el sacrificio humano, en especial en la quinta y sexta plataformas, donde se encuentra el llamado «Altar Rojo». La escritura jeroglífica de sus estelas y dinteles narra la historia de sus gobernantes y su relación con los dioses.
Desde 1980 el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) trabaja en la restauración del basamento piramidal y de la gran plataforma abierta al público.
Museo de sitio. Inaugurado en el año 2000, guarda piezas originales recuperadas en Toniná: esculturas de dioses y gobernantes, discos marcadores del tiempo y la reproducción del friso de estuco de las cuatro edades de la humanidad. Su primera sala representa el inframundo; para llegar a la segunda, dedicada al supramundo y a los gobernantes, se suben 13 escalones.










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