Bonampak
Los «muros pintados» de la Selva Lacandona: murales mayas únicos con escenas de guerra, tributo y ceremonia, entre los mejor conservados de México.

Ciudad maya a orillas del río Usumacinta, a la que se llega en lancha: templos en la selva y la mayor colección de dinteles labrados del mundo maya.
Yaxchilán es un ejemplo del apogeo de las ciudades-estado mayas durante el Clásico Tardío (600 a 800 d. C.). Su importancia no está solo en la belleza de su arquitectura, sino en sus 124 textos jeroglíficos distribuidos en 30 estelas, 21 altares, 59 dinteles y otras inscripciones, que narran alianzas, guerras y la vida de sus gobernantes, entre ellos Escudo Jaguar I, Pájaro Jaguar IV y Escudo Jaguar II.
La ciudad recibió muchos nombres: Mench, Bol Mench, Menhé Tinamit y Lorillard, hasta que Teobert Maler la llamó Yaxchilán por un arroyo cercano de piedras verdosas. El investigador Yuri Knorozov propuso, a partir de los glifos, que su nombre podría traducirse como «la gran casa de la culebra».
Quien la visita se siente dentro de la ciudad de unos guerreros que lucharon por su poder, su honor y su familia hace más de mil años. En silencio se escuchan los sonidos de la selva y, con ellos, el mensaje de los antiguos mayas: las causas de su colapso, como la destrucción ecológica y la guerra, siguen siendo los retos de hoy.



Los «muros pintados» de la Selva Lacandona: murales mayas únicos con escenas de guerra, tributo y ceremonia, entre los mejor conservados de México.
La montaña sagrada de los mayas a minutos de Ocosingo: una acrópolis de siete plataformas, estelas, estucos y un museo de sitio.